martes, 10 de junio de 2014

Cap74 - HISTORIA DE LA ARQUITECTURA POPULAR MANCHEGA II

Una buena forma de analizar las construcciones manchegas tradicionales es revisar la bibliografía en hemerotecas y archivos (algo de ello vimos en el capítulo 30). Pero si hay una obra que analizó de forma magistral La Mancha de su época, no solo en su arquitectura, esa es EL INGENIOSO HIDALGO DON QVIXOTE DE LA MANCHA.

Y no solo se describe en la propia obra, ya que desde que fue escrita esta biblia del ser hispánico (1), investigadores, historiadores, cartógrafos, periodistas o arqueólogos han recorrido La Mancha en un ejercicio de búsqueda de los lugares del Quijote. Búsqueda que desde el punto de vista arquitectónico y cultural nos ha dado a conocer la realidad manchega en distintos periodos históricos.

Algunas de las rutas de Don Quijote
Ya lo intento el geógrafo Tomás López casi 200 años después que fuese escrita la obra cervantina con la primera ruta delineada del Quijote según descripciones sobre el terreno del Capitán de Ingenieros Don Joseph de Hermosilla. Ya en el siglo XX Azorín también describe esos lugares del Quijote en 1905 con motivo del III Centenario de su publicación. Y ese es el punto de partida para que los periodistas de ABC comiencen a dedicar reportajes sobre los lugares del Quijote en 1905, 1925, 1928, 1953, 1965, 1966, 1967, 1970, 1978, 1979 o 2000. Estos reportajes de ABC cuentan como punto fuerte con fotografías de gran interés. Más recientemente Eisenberg en 1987 y La Asociación de Amigos del Campo de Montiel en 1997 hacen también sus propias teorías mientras se multiplican en medios de comunicación posibles lugares quijotescos. En 2005 con el IV centenario de su publicación cobran fuerza nuevos lugares quijotescos realizándose una ruta desde el punto de vista turístico. En 2010 es Jesús Muñoz quien analiza la obra cervantina en espacio y, como novedad, en tiempo dando fecha y lugar a tan descomunal aventura. Y en ello seguimos en la actualidad. En los últimos días multitud de medios se han hecho hecho de las investigaciones del historiador Francisco Javier Escudero y la arqueóloga Isabel Sánchez Duque situando el lugar del Quijote en Pedro Muñoz y una de las ventas del mismo libro enterrada en las cercanías de la Ermita Manjavacas. Y es que señores, 400 años después, ni a Don Miguel dejan descansar tranquilo buscándolo con la ultimísima tecnología del siglo XXI.

Algunos lugares de La Mancha
Yo mismo me deje seducir por estos lugares quijotescos llegando a una conclusión, no se si acertada, de la inteligencia/picaresca de Cervantes que supo dejarnos un "divertido caramelo" objeto de rencillas entre manchegos desde su origen y al que seguimos dando vueltas cuatro siglos después.

Pero para quien -como yo- ve esto más desde el punto de vista arquitectónico -que del literario o histórico- es muy interesante la cantidad de investigaciones y descripciones a las que poder referirse para analizar la arquitectura popular. Al fin y al cabo el Quijote y los primeros estudios del Quijote fueron los primeros estudios de la arquitectura popular manchega. Y allá que vamos. 



LA TIERRA DE DON QUIJOTE (2) 
ABC. Blanco y Negro Nº 731. 6 de Mayo de 1905.
Texto: F. NAVARRO Y LEDESMA
Fotografías: ASENJO

Argamasilla de Alba, el Don Quijote
y el Sancho Panza de hoy
Comenzamos por la tierra de nuestro Ingenioso hidalgo las peregrinaciones profanas á los santos lugares que fueron albergue de las gastadas energías españolas. Muerto y enterrado el héroe, los escenarios de sus proezas, que ya pocos consideran locuras, quedan, con ligeras mudanzas, tal y como fueron cuando vivía Don Quijote. (...) 

Con estos propósitos, nos encaminamos á Argamasilla de Alba. Sabemos, porque la erudición ha hundido ya su  pico en la leyenda, que no es probable, ni siquiera verosímil, la especie de que Cervantes pensará hacer de Argamasilla de Alba la patria de Don Quijote. En efecto, Argamasilla de Alba no está cerca del Toboso, como el hidalgo dice, (...) ¿Puede haber nada tan bellamente quijotesco (...) como esta romántica, platónica é ideal testarudez de todo un pueblo de La Mancha, empeñado en ser la patria de un personaje que no ha existido nunca



Entráis en Argamasilla, y en cuanto os oigan hablar de Don Quijote y de Sancho, os mirarán con respeto, casi con veneración. Preguntáis á cualquiera, á una mujer, á un mendigo, á un pastor, y sin vacilar os dirán: -Esta es la casa de Medrano, con la cueva donde estuvo preso Cervantes. Por ahí se va á los batanes donde Don Quijote le dijo á Sancho Panza: "Peor es meneallo". Aquí vivia el bachiller Sansón Carrasco... (...)

(...)

El ama y la sobrina de Don Quijote en la actualidad
Teresa Panza y Sanchica Panza en 1905
Vistos Don Quijote y su escudero, entramos en una casa de Argamasilla. Cualquiera puede ser la de Alonso Quijano. Abramos una puerta, entremos en su zaguán encalado, pasemos al patio vecino. Calladas, activas, hidalgas, graves, dos mujeres se afanan, sentadas en silletas, labrando ropa blanca ó punto de aguja la joven, haciendo media la de más edad. Son la sobrina y el ama de Don Quijote, (...)

(...)

Salimos á la calle, y dos puertas más abajo veremos, en otro patizuelo más pobre, á Teresa Panza y á Sanchica, la mujer e hija del incomparable escudero;(...) 

(...) Salgamos de Argamasilla, dejemos atrás los blancos rientes tapiales del alegre lugar de La Mancha, mirémonos por última vez en el estrecho cauce del Guadiana, que cruza el pueblo... y reparemos en esta gran ilusión quijotesca. ¿Puede, en realidad decirse con razón que es aquel riachuelo el Guadiana? No puede afirmarse. Todos los ríos del mundo tienen su origen y su curso claros. Sólo este quimérico río, solo este río quijotesco había de tener un arcano, como si la Naturaleza en esta tierra de alucinaciones, quisiera contribuir á á exaltación de las fantasías sacando repentinamente las aguas á flor de tierra, sin saber cómo ni por qué y volviendo a hundirlas en el seno del terral, como ocurre á corta distancia de Argamasilla, sin que nadie haya podido explicar dónde paran, ni cómo se las sorbe el sediento terruño para hacerlas reaparecer mucho más allá, en los ojos del Guadiana. Quien ha visto, desde que nació, un río que muere y que después resucita, ¿tendrá dificultad para creer los casos más estupendos y las maravillas más inverosímiles?

Argamasilla de Alba desde las afueras
(...)

Hemos ya en plena llanura, con el sol sobre la recalentada sesera, con el infinito por horizonte. Las ideas grandiosas se apoderan de nuestra mente. Estamos en el famoso campo de Montiel, en medio del cual se alza sobre una loma el memorable castillo de la traición. Allí se defendió en sus postreros días el Rey Cruel; con infames engaños le hizo bajar de allí a su hermano el fraticida. Los arrieros y los pastores os enseñan aún, en medio de la implacable llanura, el sitio donde se alzaron las tiendas del bastardo de Trastamara. Por allí pasaron los héroes de la tragedia medieval; por allí había de pasar el héroe de la epopeya española.

Vista del campo y Castillo de Montiel
Andando andando por el campo inmenso, tropezamos con unas ruinas insignificantes al parecer, pero como estamos en el terreno de lo absurdo, como vamos viajando por el reino de lo imposible, esas tres paredes que en medio del barbecho se mantienen como el caparazón de una bestia antediluviana, nos hacen pararnos. Alguien nos dice: -Estas son las ruinas de la venta de San Juan, que también llamaban venta de Don Quijote.
Ruinas de la Venta de San Juan o Don Quijote
El porquero, con su cuerna y grey a la puerta de la venta
El ventero, que por ser muy gordo, era muy pacífico.
Pero, ¿por qué ha de ser la venta de Don Quijote esos cuatro paredones y no la otra venta que hay andando un poco más hacia Puerto Lápice? Dejamos las ruinas, convencidos ya de que sólo el espíritu quijotesco, sino los hechos en que se  tradujo, viven aún y pudieran reproducirse en cuanto un soplo de grandeza pasara por la nación. Y en efecto, al caer la tarde llegamos á otra venta, que pudiera muy bien ser la misma, ya que en esto la construcción ni ha adelantado ni ha retrocedido un paso. Un toque de bocina nos saca del ensimismamiento y nos sumerge en cuerpo y alma en la escena maravillosa. El que ha tocado la cuerna es el porquero que á la venta se dirige, aquel á quien Don Quijote tomó por un enano que anunciaba la llegada del caballero andante al castillo.

Más allá, sentado en un poyo, el ventero nos muestra su redonda faz satisfecha, denunciadora de un gran sosiego, de una extraordinaria calma de ánimo. ¿Creéis que el ventero es un cazurrote, un ladino, un mal intencionado? Os equivocáis. Comparad todas las malicias y las perversas intenciones de los venteros y de sus clientes con las que están rozándonos la piel por aquí en el Congreso, en el teatro, en la calle, y ¡mal año para todos los pícaros arrieros y para todas las mozas del partido hayan trashumado!

(...)

La venta nos llama. Entramos. Tras el zaguán, un gran patio nos invita a yantar modesto. -Aquí -nos dice afable el ventero- es donde le dieron de comer á Don Quijote con un embudo. Ahí, más adelante, es donde veló las armas. Y diciendo esto nos hace pasar al corral, donde está la pila para dar de beber a las bestias.

El patio de la comida donde sirvieron la comida a Don Quijote
El corral donde veló Don Quijote las armas 
Entretanto, la noche ha caído. Las blancas paredes del patio devuelven la azulada luz de la luna saliente. El corral está solitario. Ningún ruido se escucha, sino el rebullir de las mulas en la cuadra, el trajinar de las mozas en la cocina, el chascar de los sarmientos que en la lumbre restallan, ayudando al guiso de la cena. El pilón enjalbegado como las paredes, negrea por abajo. Una cantarilla ocupa el sitio donde puso sus armas el esforzado caballero. (...) Aquel prosaico lugar, aquellas mudas paredes nos hablan en arcano lenguaje de que aún perduran  en el mundo los agravios, los tuertos y las injusticias (...)

(...)
Vista de Puerto Lápice y camino que siguió Don Quijote al salir de la venta
Salimos de nuevo al campo argamasillero. ¿Dónde hemos de ir sino en busca de los molinos? ¿Quien ha pasado por la llanura manchega que el ferrocarril recorre sin sentir la emoción más fuerte, la que al conmovernos nos lo explica todo? ¿Quién, al ver descollar en el llano los contornos de los molinos, al verlos mover locos los brazos, no se ha explicado que la febril fantasia de Don Quijote viese en ellos los gigantes soberbios que tienen sojuzgado el mundo, y quién no ha aplaudido, lleno de heroica alegría, la bizarra decisión con que el Ingenioso hidalgo los acomete sin reparar en sus monstruosas fuerzas?

Lugar donde debió suceder la aventura de los molinos
Criptana, los molinos de viento
En la dilatada y áspera campiña los molinos cortan el lejano horizonte, extraños, deformes, ilógicos, extraviados. Tal vez vemos á un hombre, el molinero, que trepando por las aspas para sujetar el velamen, nos parece una araña prendida á su tejido; tal vez las paletas sin lienzo semejan los tentáculos de un bestión apocalíptico, cuya cola, que es la guía ó pértiga con que se hace girar todo el aparatejo, muerde el polvo. Si moviéndose con el viento que arrasa la llamada, son los molinos algo imponente, como un ejército de ignotos seres caídos de otro planeta para conquistar el nuestro y esclavizar á los hombres, cuando están parados y sin velas se nos antojan trágicas y temibles máquinas ó ingenios de guerra que en el campo quedaron clavados después de un sangriento combate en que miles y miles de hombres perdieron las caras vidas. (...) Hemos de acercarnos á ellos, hemos de contemplarlos y examinarlos con ojos de miope para persuadirnos de que son unos sencillos artefactos que no encierran maldad alguna, para volver de nuestra insania y hacernos cargo que son como los molinos las más de las cosas que nos espantan en la vida. 

Nos apartamos de esta nueva desilusión y marchamos resueltamente hacia Sierra Morena. 

Cuando se divisan las primeras estribaciones de la cordillera, en medio de un descampío pedregoso, una dulce y bella visión bucólica se nos ofrece: es un rebaño de cabras al cual guía un zagal que canta una melancólica endecha, mientras hace soguilla para aparar con la honda. (...) El pastor nos indica otra venta donde podemos descansar. Es un ancho y aplastado edificio con amplia portalada, con cuadras inmensas donde caben escuadrones de mulas, con corrales enormes capaces de albergar rebaños enteros. La ya menguada arriería conoce y frecuenta aún la venta de Cárdenas, que no es otro es su nombre. Éste evoca en nuestro magín el recuerdo de una vieja tonadilla que á nuestros abuelos divirtió:

Alla en la venta de Cárdenas,
cuando yo el mundo corría...
Venta del bálsamo de Fierabras, en el cual menudearon las aventuras de Don Quijote y Sancho  
Pero nos desentendemos de remembranzas modernas al ver frente á nosotros, en el campo, tendido á nuestros piés, un rebaño numerosísimo de ovejas y carneros. Aquéllos son los ejércitos de Alifanfarón de Taprobana y de Pentapolín el del arremangado brazo, en donde el caballero de la Triste Figura probó su denuedo indomable y renovó las hazañas de Orlando el Furioso. (...) ...uno de los cabreros, nos conduce á la choza donde el Ingenioso hidalgo pronunció su incomparable discurso de la Edad dorada.

La cabaña de los pastores amigos de Grisóstomo, en el cual Don Quijote
pronunció el famoso discurso de la Edad Dorada
(...)

Para proseguir nuestra peregrinación, echamos á andar á media noche. Pronto oímos cerca el susurrar de un río: no lejos se parece un bosque de álamos y chopos. De entre la espesura se oye bronco, desapacible, temeroso un ruido incesante, como golpear de mazos, como arrastrar de cadenas, como gemir de condenados á suplicios infernales. (...) 

La choza de los bataneros
- Son los batanes -nos dice quien nos acompaña.- Y al acercarnos, con la luz de la aurora, caemos en la cuenta como cayó Don Quijote, sufriendo otro de los mayores desencantos de su vida. El primitivo artilugio mueve sin cesar sus mazos de madera, tunde y golpea sin descansar el paño de raja que llevan los tejedores de Villahermosa, y con el que se visten todos los aldeanos del Campo de Montiel y del Campo de Calatrava, hoy lo mismo que en el tiempo de Don Quijote.
Sitio donde aconteció la aventura de los batanes
El batán visto de cerca
Corridos como nuestro hidalgo, salimos de los batanes para internarnos en el corazón de Sierra Morena.

(...) Con el dulce recuerdo de Dorotea y del pastor loco, en quienes hemos visto renacer al sinventura Cardenio, tornamos al lugar de Don Quijote y entramo en la segunda parte de sus aventuras.

Casa de los Carrascos donde se supone que habitaba el Bachiller Sansón en Argamasilla
Aldonza Lorenzo en el corral de su casa del Toboso, al fondo, la iglesia del pueblo
















Y al volver, lo primero con que tropiezan nuestros ojos es la casa de los Carrascos, donde vivía el bachiller Sansón, el maligno y burlón espíritu de la segunda parte del Quijote, el primer esbozo del Mefistófeles goethiano. Es una casa fría, prosaica, sin adorno ni belleza alguna, podrá no ser la casa de Sansón, pero en una morada semejante nos figuramos ver al socarrón del bachiller discurriendo con regodeo egoísta sus burlas contra el hidalgo, á quien tiene por loco. Es una casa correcta, sobria, de líneas rectas, de pocas luces. Temamos siempre á los hombres que viven estas casas, donde la fantasía y el gusto no hallan en qué tropezar. (...) Saliendo de Argamasilla temprano, llegamos al Toboso á boca de noche, cuando las sombras de los caserones ocupan fanegas y fanegas de terreno, cuando los contornos de la iglesia y de la torre ya no se reflejan claros en la cercana marisma.(...) Pero más complaciente que el gañán de Don Quijote, el de ahora nos dice sin vacilar cuáles son los palacios de la sin par princesa doña Dulcinea del Toboso, y llegándonos á los dichos palacios, cosa que no se atrevieron á hacer ni Don Quijote ni Sancho Panza, ya se sabían ellos por qué, antes pasaremos por unas muy solemnes y aseñoradas calles, y antes tropezaremos con la mole grandiosa y herreriana de la iglesia del Toboso, y diciendo: -Con la iglesia hemos dado, Sancho,- nos retiramos prudentes a dormir. Al reirse el alba acudiremos al palacio susodicho,  y ¡ved cuál es nuestra suerte! en el corral toparemos con la que buscamos, con la alta y sobajada señora de nuestros pensamientos. Aldonza Lorenzo en persona saldrá á recibirnos y nos regalará con su más halagüeña sonrisa.

Retrato de Dulcinea
Vista general del Toboso, desde la Laguna
Una calle del Toboso
Exterior de la casa de Dulcinea
Iglesia del Toboso, junto á la cual exclamo Don Quijote: - Con la Iglesia hemos dado, Sancho
(...)

El cual (historiador Cide Hamete) muy luego nos llevará por la mano á un prado amenísimo, (...) y nos dirá que aquél fué el sitio donde se festejaban las bodas de Camacho el rico y donde aconteció el suceso de Basilio el pobre; (...)

Una venta junto a Ruidera
Entrada de la cueva de Montesinos
Desde allí, andando un poco más, nos acercaremos á la cueva de Montesinos, donde el extremado Don Quijote vió cosas cuya imposibilidad y grandeza hacen se tenga esta aventura por apócrifa. Al entrar en la cueva de Montesinos, con teas para alumbrarnos, una turbonada negra y aleteante nos apaga las teas y nos llena de confusión y espanto. Son bandadas de cientos, millares, millones de murciélagos que, enracimados y formando costrones parduscos, habitan en el techo y en las paredes de la cueva. Encendemos un farol, avanzamos con precaución veinte, treinta, setenta metros. En el fondo, el agua honda canta una canción extraña lúgubre, de las profundidades de la tierra. Hay allí una laguna soterraña, que debe tener comunicación, no sabemos cómo ni por dónde, con las de Ruidera. Estamos bajo tierra; estamos otra vez en la región de lo misterioso, de lo inconocible. Salimos de ella á la luz, rendidos, anonadados. Revolvemos los ojos en todas las direcciones buscando al ingenioso caballero. Ya no está, ya no podemos seguirle; ha salido de su tierra. ¿Volverá? ¡Ah si!, volverá ¡que lastima! para tornarse cuerdo, y ya cuerdo morir. ¡Adiós, noble, ancha y grave tierra del ingenioso hidalgo! ¡Adiós Argamasilla, Montiel, Puerto Lápice, Sierra Morena, el Toboso, Ruidera! ¡Adios, vosotros los que conserváis el habla, el ademán, la fiera estampa de Don Quijote, lo mejor de la raza! ¡Adiós, llanura inmortal, madre de las grandes ideas! La peregrinación ha terminado.
F. NAVARRO Y LEDESMA

Para conseguir los datos y las fotografias que publicamos en este número, han realizado en los primeros días de Abril un viaje á la tierra de Don Quijote nuestros queridos compañeros el redactor BLANCO Y NEGRO y de ABC, D. Rómulo Muro y el redactor fotógrafo D. Manuel Asenjo, quienes fueron de Madrid directamente á Sierra Morena; de Despeñaperros á Venta de Cárdenas; atravesaron el campo de Montiel por Villanueva de los Infantes, Villahermosa, los Zampoñones, la Osa de Montiel, Ruidera, Argamasilla, Castillo de Peñarroya, Alhambra, Puerto Lápice, Alcázar, Campo de Criptana y el Toboso.
Nuestros compañeros han sido recibidos en todos estos pueblos y despoblados con exquisita cortesanía, y han sido acompañados y agasajados con la más perfecta hospitalidad por los nobles descendientes del hiddalgo manchego.
A todos están muy agradecidos, pero especialmente desean significar aquí su gratitud á D. Luis Posadas, abogado de Villanueva de los Infantes; á D. Juan Ángel Palacios, D. Constantino Martinez, D. Juan Bustamante y D. Joaquín Castro, de Villahermosa; al antiguo periodista D. Rafael Garrido, de Montiel; á los los Sres. Pascual, Naranjo, Creus, Fuertes, Gómez y Coronado, de Argamasila de Alba; á los Sres. Rosado, Rodríguez y Alarcón, de Puerto Lápice; á los Sres. Sánchez Quintanar, Ruz y Ortiz (D. Valentín, D. José Vicente y D. Ignacio), del Campo de Criptana, y a los Sres. Olmo, del Toboso. 
Todos ellos son personas cultísimas y de una inapreciable amabilidad, y tenemos gran complacencia en consignarlo. 

Bibliografía:

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