martes, 17 de mayo de 2016

Cap137 - CASERIOS VII │ "Los grafitis de Santa María del Guadiana"

En este cuaderno de viaje por nuestra arquitectura tradicional es muy enriquecedor conocer puntos de vistas de distintos profesionales, investigadores e interesados en nuestro patrimonio. En esta llamada colaborativa multidisciplinar que ofrece Arquitectura Popular Manchega hoy recoge el testigo Carlos Parrilla, madrileño de sangre manchega por los cuatro costados. Carlos es Licenciado en Derecho, Diplomado en Derecho Nobiliario (CSIC) y coautor junto con su padre Miguel Parrilla de la catalogación de las casas blasonadas de la provincia de Ciudad Real, publicada en dos tomos: "Blasones y Linajes del Campo de Montiel" y "Blasones y Linajes de la Provincia de Ciudad Real" (Ambos en la Biblioteca de Autores Manchegos, Diputación Provincial).  También es autor de más de 40 artículos sobre historia y difusión del patrimonio en prensa local (El Espinar, Segovia) y algunas novelas, entre ellas “Los Once Ases”, Premio de novela Histórica Ciudad de Valeria 2015 (Cuenca).

Hoy escribe sus primeras líneas en Arquitectura Popular Manchega para hablarnos de grafitis, historia y arte en un caserío manchego muy interesante, Casas de Santa María 


Los grafitis de Santa María del Guadiana
Carlos Parrilla

Cuadras
Entre la obra de arte y la gamberrada, el “grafiti” tiene una larga historia, con sus amantes y sus detractores. ¿Acaso no son grafitis las pinturas rupestres de Fuencaliente? Las pintadas sobre las paredes de Pompeya han aportado a los historiadores más información que muchos libros y gracias a unas líneas garabateadas sobre el muro sabemos, por ejemplo, a qué hora se sintió el terremoto de Lisboa en el palacio de Viso del Marqués.

Situación junto al Guadiana
Hace ya bastante tiempo tuve la ocasión de contemplar en toda su decadencia la casa de Santa María del Guadiana, una impresionante hacienda junto al cauce del río, apenas cruzado el puente de Picón desde Ciudad Real por la CM 412. Aquel “microcosmos” formado por cuadras, patios, cueva, pajares, palomares... quizá sea uno de los complejos agrícolas más completos de la provincia.

El edificio principal data de principios del siglo XVII, con sus escudos de armas en esquina y sobre la puerta principal. Conserva en su interior la que fuera antigua ermita que da nombre a la finca, se trataría de una construcción religiosa seguramente mucho más antigua que la casa, que la terminó convirtiendo en capilla particular y hoy, sencillamente en ruina. Entre aquellas fotos que tomé hace diez años y las que hoy pueden encontrarse en la red sólo se aprecia que ha crecido un árbol frente a la puerta. El resto, la sencilla fachada con alfiz mudéjar y los santos erosionados por la lluvia, apenas han cambiado desde entonces.


Cabecera y ventana de la ermita

La finca alberga también dos grandes palomares, uno de ellos se articula en torno a dos galerías concéntricas que producen una sensación opresiva de laberinto; el segundo, más moderno, estaba construido a base de recipientes de barro superpuestos de los que apenas sobreviven algunos sobre un montón de cascotes.


Restos de arcaduces en palomar y galería de otro palomar. 


Vista del palomar desde el patio central 

Sin embargo, lo que más me llamó la atención, fueron los grafitis. Los sucesivos enfoscados del muro sur de la construcción, mirando al cauce del río, se habían ido desprendiendo con el paso tiempo y la primera fábrica salía a la luz después de llevar quizá siglos oculta, dejando ver docenas de signos y dibujos impresos con la yema del dedo sobre el barro fresco de la tapia.


Grafitis esquina sureste

A la altura de la vista y en una longitud de varios metros, aquellos viejos alarifes se entretuvieron en “decorar” el barro con lo que su imaginación les fue sugiriendo: plantas, soles, cruces, esvásticas (ese símbolo precristiano que luego adquirió tan mala fama), extraños esquemas y figuras… No sabían escribir su nombre - no hay letras ni fechas - pero sí dejaron unas marcas tan humildes como enigmáticas que han perdurado en silencio, mirando sólo el discurrir del agua.


Grafitis muro sur. 

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